EL VIAJE

EL VIAJE

Iba a ser un sábado agitado. Al mediodía fui con mi padre al cumpleaños de Mateo, esposo de mi prima. Estuvimos hasta las 7 PM. Tomé fotos del evento las que ofrecí enviar a la familia, ese sería mi regalo. Al principio estaba nervioso, me ubicaron en una mesa con dos primas solteronas, mi tía política y una pareja de amigos del cumpleañero. La conversación no fluía en la mesa, los amigos no se integraban y yo tenía dificultad en mantener la conversación con una de mis primas, no quería que fuera un diálogo exclusivo sino que todos compartieran. Sirvieron la comida y luego procedieron a ofrecer unas palabras los miembros de la familia del anfitrión y luego convidar a un brindis. Se notaba a la familia Krovina Rueda feliz, sencilla y unida. Luego empezó la música e irrumpieron sorpresivamente una pareja de animadores, disfrazados de payasitos, que bailaban al ritmo de canciones clásicas bailables, alegres, latinas, movidas, armando un ruedo con todos los invitados y luego jalando a alguien al centro para hacer pasos de baile. Todo muy lindo y alegre, que parece despabiló a todos. Luego de una hora abandonaron el evento y nos dejaron a todos animados, para seguir bailando, conversando, brindando, a mi, se me acabaron de disipar los nervios. Para ese entonces ya había realizado una minisesión de fotos a mi prima Ana y había tomado fotos de los momentos más agradables de la representación de los animadores y del evento en general. Mi padre bailaba, tomaba wisky, conversaba y yo decidí partir a mi siguiente compromiso. Me pasarían recogiendo por el redondel del Condado Shopping a las 6 y 45. Me colé en el auto de mi prima con su hermana y madre y llegué al Shopping como a las 7. Alvaro me llamó al celular como a las 7 y 15 para decirme que estaba ante la Fybeca, unos metros más al oeste de donde yo esperaba y corrí a buscarlo.
Ingresé al auto y partimos. Al lado mío iba sentada una joven rubia y a su lado su enamorado. Se supo que estudiaba "Ciencias Ancestrales" y que era consumidora ocasional de diversas drogas. De las que se supo, hongos, marihuana. Una vez nos comimos un pastel de marihuana y el vuelo me duró dos días" comento. Había tomado 4 veces anteriormente ayawashca y al entrar en el tema, se estremeció y suspiró "ay, esto me encanta". Llegamos a Tabacundo y nos internamos por un camino angosto de tierra algo tétrico, hasta que desembocamos en un complejo de casas, galpones, establos que conformaban la FBU, las siglas de ese lugar. Parecía un lugar de turismo comunitario o ecológico. Entonces desembarcamos todos y entramos en la planta baja del edificio que parecía ser el principal de todas las otras construcciones, en una estancia amplia donde empezaron a tender sus colchas y sleapings en el suelo entarimado. La caravana de autos dejó como 40 pasajeros que acudían a la toma ese sábado. Yo saludé con Guillermo, a quien había conocido en mi primera toma, todo el tiempo estaba sonriendo y conversando y no me resultaba del todo agradable, pero se pegó a mi. Nos quedamos unos 15 minutos conversando en el porche y abordamos el tema de "los viajes", me resumió sus experiencias, buenas, malas, su salud, su stress, como se había curado y, de pregunta en pregunta que le hacía para indagar y conocer el tema en el que me estaba iniciando, llegó el punto en que debía hacerle la pregunta "del millón". Bueno -dijo- lo que pasa es que.... debo ser sincero.... yo soy gay... y tenía en mi juventud problemas conmigo mismo y con el entorno, que finalmente se solucionaron, ahora no tengo problemas con nada..." La respuesta fue ilustrativa, directa y franca. No tenía porque ocultarse ni ocultarme nada, se mostraba como era y me pareció una actitud correcta qué mereció mi total aprobación y respeto. Sin embargo me desilusioné al pensar que su condición de gay fue la que le impulsó pegarse como un sticker a mi y ya no soltarme, tanto así que hace un rato en la sala me invitó a posesionarnos de un espacio del salón para tender allí nuestra "tienda". "Instalémonos aquí... sino nos ganan" dijo. Me sorprendí de que decida por mi, como si yo hubiese viajado con él, estuviésemos juntos. Ambos estábamos solos y se suponía que iríamos por propios caminos pero el me "jaló" a su lado. Me pareció un exceso de confianza, pero no me molestó, más bien me puse contento de que de alguna manera velara por mi, ya que era más listo que yo. Así que me ubiqué a su lado. Pero cuando me enteré de que era gay, pensé que mi suerte no era tan buena. En el anterior viaje me había tocado al lado mío una persona que tuvo cáncer, que tenía una psiquis muy fuerte, un conflicto muy expansivo y que "me invadió", algo de él. Su energía entró a mi cuerpo y yo pugné por sacarla, no me agradaba su energía, pero tuve que pensar positivamente que podía ayudarle, que eso negativo que compartió conmigo, le sanaría, le ayudaría a sobrellevar, a procesar... pero salió con el vómito me parece y yo le ayudé creo. Hoy me tocaba un gay a mi lado, que también tenía un nivel de neurosis muy concentrado y esperaba que no me fuera contagiado. Y no se produjo tal contagio. Cuando el hizo su toma, se envolvió como una crisalida en su sliping y se aisló, solo en su vuelo, ya no conversamos ni nos vimos. Yo estuve un rato, parece que a los veinte minutos empezó un suave efecto hasta que se hizo más fuerte a la hora y luego busqué la fogata en el exterior para calentarme el cuerpo. Todo mi viaje estuvo cargado de enseñanzas, pero tenía que concentrarme porque era fácil distraerse y cuando ello ocurría se disipaba el "camino".

EL CAMINO

Fue el sábado 4 de agosto y deseo dejar constancia de la experiencia para no olvidar la enseñanza del viaje:
Todo está en uno, yo estoy solo, no hay personas en mi vida, en mi presente, en mi realidad, estoy solo en el universo, tengo todo, soy autosuficiente. Las personas son sus imágenes que generan sentimientos, emociones y me hacen sentir "acompañado", pero en verdad me distraen de mi ser, me separan de mi realidad y bailan alrededor mío pero no me hacen feliz, llevan malas energías, son ilusiones, están revestidas de resentimientos.
Esas imágenes vuelven, las que más insisten son las de mi padre, las de mi mismo, las de mi hermano Marco, de mi hermana Jeannette, todos tienen un rostro distorsionado, menos la de mi padre.
Llegado el momento esas personas, esas imágenes que danzan en mi mente, parece que bajan a la zona de mi vientre, se revuelven y salen o quieren salir, expulsadas en el vómito, luego del cual siento alivio y me he librado de parte de su carga. Visualizo como los vomito como si fueran bichos en mi estómago que los arrojo a la tierra.
No hay nada afuera, no tengo que buscar cosas afuera, todo está en mi. Francisco cuando me llevaba de la mano me decía "déjate llevar... confía en mi... o, mejor, confía en ti mismo" y, paso a paso, nos aproximábamos a la casa para recuperar el calor y la compañía.
El Taita Oscar me preguntó ¿Cómo va esa hemoglobina" "Normal" le contesté ¿Cómo te sientes?" Débil" le contesté. ¿Qué ves? y yo le dije "...a mi familia. Mis hermanos y mi padre." "¿y cómo los ves?" me dijo. "A mi padre bien..., feliz, tranquilo... a mis hermanos mal espiritualmente". Entonces me comentó lo que sigue: "Estás tratando de recuperar tu polaridad masculina a través de tu padre, la fuerza viene de los huesos, que son como el bambú, huecos pero muy fuertes, de los huesos se genera la sangre, la sangre es un elemento muy profundo en la vida, concéntrate en los símbolos de la fuerza, como tus huesos, como los árboles que crecen recto, que tienen raíces en la tierra, que se yerguen arriba y puedes recuperar tu fuerza. Tienes que recuperar tus símbolos de fuerza..."
Las palabras, los pensamientos y, sobre todo, las INTERPRETACIONES, que tanto me atormentaban, tienen que cesar, dejar de dirigir mi vida. ¿Qué fuera la vida si no existiesen esas interpretaciones? Si no las forjáramos, sencillamente no existiría nada, sería la realidad, la vida... porque todos los pensamientos son posteriores a la vida. Tampoco debe haber análisis y propósitos, esto especialmente enfocado a la meditación. Durante la experiencia recordé con viveza esas enseñanzas del ZEN, y me decía que debo aplicarlas.
No hay que buscar afuera, sino adentro. Mi entorno no es la familia, los amigos, la sociedad, la ciudad, mi entorno verdadero es EL UNIVERSO. No es lo pasajero sino lo eterno, no son las cosas sino el infinito, no es la enfermedad sino la energía, no son las imágenes sino la vida silenciosa e inmanente, no son las personas sino yo mismo, no es el movimiento sino la quietud.
Soy obsesionado por personas, eso está claro, dependiente de ellas que son mi droga, mi adicción y, simplemente, debo terminar esa obsesión. Debo dejar de "consumir" personas.
En la vida no es ACUMULAR, llegar a ser y a tener, ese es un proceso ilusorio, porque todo está dado, está con uno o en el universo, a nuestro alcance. No hay nada que buscar ni encontrar afuera, mejor dicho no hay nada que buscar, pórque ya se lo tiene todo, uno es y está completo.

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